Un árbol con ramas infinitas

El ejemplo se vuelve más asombroso si nos echamos todavía más para atrás, a la generación “Yo-30”, en pleno siglo XIII (la época medieval, para nuestros antepasados europeos, o antes de la fundación de Tenochtitlan, para los indígenas). En ese nivel hay más de mil millones de casillas en nuestro árbol genealógico, así que forzosamente tendremos ancestros que ocupan miles de ellas.

El número de casillas en el árbol genealógico de cualquier persona se vuelve imposible de manejar si vamos más allá, digamos a principios de nuestra era (unas 84 generaciones atrás). Alguien ha calculado que su número alcanza los cuatrillones, cuando en aquel entonces habría cuando mucho 200 millones de personas en todo el planeta.

 

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