Cómo alimentarte mejor

Después de los tamales del 2 de febrero en la oficina, y de las consabidas bromas sobre dietas y sobrepeso, Federico les echó un vistazo a sus compañeros, recordó sus momentos difíciles ante la báscula y llegó a una conclusión:

–Somos un desastre. Nos pasamos la vida comiendo lo que no debemos y quejándonos de que no nos cabe la ropa, pero no hacemos nada al respecto y, para colmo, nuestra postura preferida es estar sentados.

Acto seguido, decidió enfrentar el problema.

En nuestro caso, el exceso de harinas, granos refinados, alimentos altos en grasa, bebidas azucaradas y alcohol son de especial preocupación, ya que no contienen vitaminas ni calcio, además de tener incidencia en las caries y la salud dental. Por otra parte, no consumimos suficientes frutas o vegetales, legumbres ni granos enteros.

La solución no está en hacer dieta. No hay fórmulas milagrosas: las dietas son remedios pasajeros que además suelen desbalancear nuestro metabolismo. No se puede vivir a dieta, y al suspenderla ocurre el temidísimo “rebote”; es decir, recuperamos el peso perdido e incluso ganamos algunos kilos de más.

Comer bien es divertido

Federico decidió involucrar a toda su familia, pensando –correctamente– que es más fácil hacer el esfuerzo de comer bien si lo hacemos en grupo y nos apoyamos unos a otros. Si vemos que la persona que está junto a nosotros viendo el televisor no para de comer papitas, será difícil que tengamos la fuerza de voluntad para no consumirlas nosotros.

Con sus seres queridos, Federico elaboró una lista de recomendaciones sencillas, y luego diseñaron varios menús para tener opciones variadas.

Con estas recomendaciones en mente, Federico y su familia se embarcaron en la aventura de comer realmente sano. El experimento resultó un éxito: después de unos meses todos se sentían mejor, saludables, además de haber llegado a su peso deseado.

 

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