No a la Influenza

 

Ha entrado el otoño e Irene se debate entre vacunarse o no contra la influenza. “¿Para qué”, piensa, “si solo me he vacunado una vez y nunca me ha pasado nada?”. Pese a tener más de 50 años, olvida que la influenza es sumamente contagiosa, con síntomas muy molestos y que, de no atenderse a tiempo, puede derivar en neumonía y ocasionar muchas complicaciones.

Basta que una persona contagiada expulse unas gotitas de saliva al estornudar o toser para que el virus de la influenza penetre en el organismo de otra. Esto también puede ocurrir con un simple saludo de mano o al tocar una mesa u otra superficie contaminada.

Esta enfermedad aguda de las vías respiratorias se caracteriza por fiebre súbita superior a los 38 grados, dolor de cabeza, tos seca y malestar general. En varios casos, además, puede haber escurrimiento nasal, dolor muscular, de garganta, articulaciones, pecho o estómago, e incluso diarrea

¿Qué hacer?

Dado que la influenza se debe a un virus, el nombre del juego se llama antiviral. Esto significa un no rotundo a la automedicación y, más aún, a los antigripales y los antibióticos, que solo enmascararían el cuadro.

Aun cuando la influenza puede llegar a confundirse con un resfriado, este último es causado por un virus menos agresivo, como el rhinovirus o el adenovirus, que suelen provocar una mayor secreción nasal y otros síntomas mucho más leves. Además, rara vez dan lugar a complicaciones y, por lo regular, se eliminan con el simple paso del tiempo.

Solo un médico puede recetar el antiviral y su dosis específica, junto con analgésicos y otros fármacos para atenuar los síntomas de la influenza. Por fortuna, el virus no ha experimentado mutaciones importantes, de manera que sigue siendo susceptible al oseltamivir (Tamiflu) y el zanamivir (Relenza).

Asimismo, hay que permanecer en casa, beber abundantes líquidos y evitar el contacto físico con otros. Y, claro, armarse de paciencia. Para que el mal ceda por completo deben transcurrir de una a dos semanas.

Más vale…

Lo ideal es ganarle la batalla al virus o, mejor dicho, prevenir. En México, la influenza estacional tiene lugar de mediados de octubre a principios de marzo, lapso que coincide con ambientes secos y fríos, más propicios para la supervivencia del microorganismo.

Las recomendaciones son:

 

Irene recordó que, un año antes, precisamente por estas fechas, había pensado lo mismo, pero no se vacunó por ahorrarse el piquetito de la inyección. Como resultado, contrajo el virus y estuvo algunos días postrada en cama. Así que esta vez decidió no correr riesgos y acudir a vacunarse de inmediato.



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